martes, 19 de agosto de 2014

DÍA 86: EL HOLANDÉS ERRANTE

Etapa 72:   Trabzon, Turquía - Ardesen, Turquía 128  Km
Salida: 10:00
Llegada: 18:00
Acumulado: 6134 Km

Son curiosos los compañeros de viaje que hace el camino. Recuerdo ahora por ejemplo a uno  de mis mejores colegas. El maravilloso gabacho que en nuestra noche de calabozos nos regaló la súper rueda que ahora galopa entre mi horquilla delantera. ¡Qué crack! 5000 kilómetros llevo con ella y va como un tiro.
Son esos personajes que te aparecen cuando más falta te hacen.
Hoy hemos conocido a un holandés de lo mas curioso. El tipo, ya mayor y algo extravagante,  se dedica a vivir la vida y a conocer el mundo. Dice que está haciendo ahora todo lo que no pudo realizar de joven. ¡Un tío genial!
El caso es que nos lo encontramos en Ardesen cuando comprábamos viandas antes de pirar al monte a dormir de campo.
Mirad, lo de dormir de monte está muy bien pero creo que lo tenéis un poco idealizado.  Mola mucho cuando hace calorcito, la etapa es cortita, tienes un bosquecillo con árboles y la noche se presenta en todo su apogeo estrellístico. Joder, así contado me apetece hasta a mí. ¡Pues los cojones!
Estas etapas de Turquía son exactamente todo lo contrario.  Frías, después de kilometradas increíbles y en medio de una especie de borrasca más propia de Galicia que de esta árida tierra.
Pues así estábamos hoy, ¡jodidos! Pero Adolfo, cuyo intelecto no tiene nada que envidiar al de la mona chita, estaba emperrado en que teníamos que dormir de monte.
Dios nos vino a ver. Cuando Adolfo acababa de hacer la compra el holandesito se puso de cháchara con el amiguete.




Ahí metidito tenía pensado pasar la noche.
Menuda suerte. El tipo le empezó a contar en su medio español sus aventuras a Adolfete... y ahí surgió el amor. Bueno, más bien la cerveza, porque el holandés le dijo a Adolfo que le invitaba a su hotel a tomar una garimba y como una cosa lleva a la otra al final fueron seis.
Pero eso no fue lo mejor. Lo más fantástico es que debió de verle la cara de miserable que Adolfo tiene después de tres birras y le dijo que ni de coña se iba a dormir a la playa, que al hotel invitaba él. 
Y así fue como un día triste plomizo y miserable se convirtió en una fiesta con descanso feliz.
A ver si mañana hay la misma suerte. Ojalá...

3 comentarios:

  1. Qué simpático el holandés!, creo que eso es lo mejor de un viaje, la gente que se conoce...Abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Tenias que conocerlo. El tio era la repera. Yo solo le entendi la mitad de lo que decia y me escarallé de la risa...

    ResponderEliminar
  3. Oye, ¿por qué no será posible que la soledad te haya jugado una curiosa treta, y tu compañero holandés no sea más que tu reflejo futuro? Apareciendo, eso sí, en un momento de lo más oportuno para darte unos animillos.
    En todo caso, qué gran encuentro y qué gran noche de hotel ;-)
    Bicos mil, Eva

    ResponderEliminar