domingo, 27 de julio de 2014

DÍA 62: LA GACELA THOMSON

Etapa 55:  Aspróvalta -  Porto Lagos, 154 Km 
Salida: 08:00
Llegada: 16:00
Acumulado: 4475 Km


Este tío está pirado. ¡Mirad los kilómetros! 154 pepinos que nos hemos comido hoy.
Lo cierto es que no solo por eso está mal de la chaveta. Al gilipollas no se le ha ocurrido nada mejor que meterse por la autopista. ¡Para matarse!
El “metro y medio” dice que fue lo más seguro….
Bueno, en eso le doy la razón. Y es que las cosas se han puesto jodidas hoy en Grecia, muy jodidas.
Salimos con bastante ánimo. El descanso de ayer le ha prendido el culo al chaval. Ha salido como un "foguete".
La vía por la que transcurrimos los primeros treinta kilómetros era bastante discreta. Mucho tráfico camionero, peatón indolente y arcén inexistente.  Vamos, una carretera más falsa que la sonrisa de Aznar.

Al principio tuvimos que subir de narices. Menos mal que no hacía demasiado calor.

Al salir de un pueblo de nombre Paralia Ofrinou sufrimos uno de los mayores reveses del hasta ahora nuestro pacífico viaje chinero: ataque de perros.
Sí amigas y amigos un enjambre de peludos bicharracos, llenos de afilados dientes, nos atacaron por sorpresa al pasar junto a un bosquecillo.
La cosa fue seria. Nueve hienas a corrillo ladrando, saltando, empujando y mordiendo con sus fauces mi delicado cuadro. Ya os digo que la cosa fue de cuidado.
A Adolfo le engancharon una zapatilla pero en mí se cebaron. Uno enganchó con su boca la rueda delantera. Adiós radio. Adiós diente. ¡Que se joda!
A otro le dio por engancharme una alforja. Y nada, que ni “pa Dios” la soltaba.
Y otro valiente saltó al manillar a por la mano de Adolfo. Casi nos hace caer.
Adolfo optó por la medida más inteligente. Pedalear más fuerte, enganchar el bidón del agua y empezar a mamporros con todos. A uno de ellos le dio de lleno. El “hijo perra” debía de ser el jefe porque cuando se retiró el resto de cabronazos marcho tras él.
La verdad es que me sentí como una Gacela Thomson atacada por viles hienas con apetito voraz.
Adolfo se portó como el Cid, con su particular espada-bidonera. ¡Un macho gallego!
Zafado el peligro, y sin querer, nos colamos en la autopista.
Bueno, sin querer… Analicemos la jugada:

  1. Adolfo iba algo asustado después del último suceso.
  2. Vio una carretera de doble vía con asfalto nuevo y arcén de tres metros. 
  3. Observó que a los lados tenía verjas de seguridad para que no pasase la bicheria. 
  4. Percibió que por dicha vía casi no había tráfico.
  5. Reparó que no había señales de prohibido circular bicicletas…
  6. Intuyó que ésta era la nuestra, ¡que cojones, vamos pa adentro chaval…!
¿Están o no están locos?
¿Qué significa la última indicación?

Pues oye, fue una idea estupenda. Ni una advertencia de los coches que pasaban. Ningún aviso de la policía que nos veía. Todas las puertas abiertas del “Peaje Toll” invitándonos a continuar. Vamos, que estos griegos están locos.
Si lo sabemos nos metemos antes. Con deciros que aquí está permitido que los motoristas circulen sin casco. Lo dicho, estos griegos están locos.
Conclusión:  kilometrada.
Adolfo decidió parar en Porto Lagos, un pueblo maravilloso, desde el que os escribo sin mi pequeño radio. La cosa debe ser como cuando a vosotros se os cae un diente. Lo que pasa es que ahora la rueda me bambolea algo. Adolfo me ha prometido que mañana me pone otro. Vamos que pasamos por el dentista.
Porto Lagos tiene nombre de ciudad italiana. Pero es un paraíso Griego. Playa, lagos de agua dulce, bosques increíbles… alucínante. Y encima tenemos hornillo y bombona. ¡La leche!

Menudo día emocionante que pasamos. Esperemos que mañana sea más tranquilo.
A ver que aparece. Ya os contaré…






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